¿Sabes cuando estás en un momento incierto y te da por hacer cosas? Quizá tu madre ha caído enferma y a ti te da por ordenar todos los cajones de la casa… O en tu trabajo han comenzado a despedir a gente y das vueltas en la cama sin poder dormir, pensando en qué es lo que deberías de hacer… O quizá has decidido emprender un proyecto y en vez de parar a reflexionar sobre cómo abordarlo, vas a la despensa y te comes todo el bote de Nutella.

El peligro de los momentos de cambio: ‘hacer’ en vez de pararnos a ‘procesar’

Los cambios generan inquietud y esa inquietud nos hace movernos; la misma palabra lo dice: inquietud = falta de quietud. Es como si algo nos quemara por dentro y quedarnos quietos solo agravara esa quemazón, por lo que ocupamos cada minuto de nuestro tiempo con quehaceres, pero ¿es la mejor manera de afrontar épocas de cambio?

Estar activos tiene sus ventajas:

  • Nos empodera: la acción, el “yo decido ordenar los cajones porque yo quiero” nos devuelve cierta sensación de control sobre situaciones que están fuera de nuestro control
  • Nos ayuda a callar nuestro diálogo interior – “¿y si mi madre muere?”, “¿y si empeora?”

Pero mantenernos activos durante todo el día, sin prestar atención a lo que estamos sintiendo o A los pensamientos negativos que se nos despiertan, también actúa como paliativo. Es como decir –“no aguanto esto que estoy sintiendo”- y nos tomamos la pastilla azul para dejar de sentir la incomodidad que la incertidumbre nos genera.

¿Conoces ese dicho de ir como “pollo sin cabeza”? Se refiere a las personas que no se dan el tiempo necesario para parar y reconocer dónde están, hacia dónde quieren ir y cómo quieren afrontar el cambio o la situación que tienen en frente.

'Los cambios dan miedo, pero ese miedo nos puede enseñar mucho sobre cómo ser más valientes de lo que hemos sido hasta ahora' Clic para tuitear

Los momentos de cambios son momentos de destrucción de que lo que conocíamos, y eso nos da mucho miedo, pero nos regala la gran oportunidad de reconstruir nuestro presente para crear una realidad que esté más alineada con nosotros.

Los cambios generan preguntas a las que no todo el mundo está dispuesto a contestar

Los momentos de cambio, sean buscados o no buscados, nos activan preguntas interiores e incómodas del tipo:

  • Y ahora, ¿qué hago?
  • ¿Qué opciones tengo?
  • ¿Qué es lo mejor para mí?
  • ¿Qué es lo mejor para el resto?
  • ¿Cómo lo afronto?
  • ¿Cómo se lo digo?

Estas preguntas nos obligan a tomar las riendas de nuestra vida y decidir hacia dónde queremos ir, lo cual nos puede empoderar, pero despierta a la gran temida de las emociones: el MIEDO… porque sí, los cambios dan miedo, pero ese miedo nos puede enseñar mucho sobre cómo ser más valientes de lo que hemos sido hasta ahora.

'El primer paso para comenzar a ver oportunidades donde los demás ven muros es tomar consciencia de nuestro diálogo interior' Clic para tuitear

Ante el cambio, respondemos con miedo

Al miedo, que no le gusta salir de su zona de confort por temor a lo que pueda pasar te dirá cosas como:

  • “Eso es peligroso”
  • “Todo va a salir mal”
  • “No estás preparada/ preparado”
  • “Te van a rechazar”
  •  …

Y si no somos conscientes de qué parte de nuestro diálogo interior parte del miedo -y si nos ahogamos en actividades durante el día, difícil será que seamos conscientes de ello-, acabaremos cediendo a sus argumentos: cuando los argumentos del miedo no están fundamentados en nuestra situación actual, sino en experiencias pasadas que ya no tienen por qué aplicar a nuestro presente.

Hay muchas personas que no son felices o que no están viviendo la vida que les gustaría vivir. ¿Por qué? Porque es más fácil ceder al miedo (la zona de confort). Porque no creen que puedan tener una vida mejor (creencias limitantes). Porque no creen que sea posible conseguirla (no se sienten empoderados). Porque tienen miedo al fracaso. Y por tantos otros motivos.

El primer paso, entonces, para comenzar a ver oportunidades donde los demás ven muros es tomar consciencia de todo eso que la mente nos dice. Y solo podremos dar forma a ese runrún interior dándonos pausas durante el día para escuchar:

  • Nuestros pensamientos (¿qué estoy pensando?): nuestros pensamientos nos hablan
  • Nuestras emociones (¿cómo nos sentimos?): nuestras emociones nos hablan
  • Nuestras sensaciones físicas (¿qué tensiones/ dolores tengo en el cuerpo?): nuestro cuerpo nos habla

Afrontar los cambios no es cosa de valientes, sino de personas conscientes

'Valentía es la decisión de escuchar nuestros miedos, para actuar consciente y consecuentemente en cada situación, haciéndonos responsable de nuestra vida' Clic para tuitear

Todos nosotros, o casi todos, queremos ser más valientes, pero no todo el mundo está dispuesto a hacer el trabajo interior que eso requiere. La buena noticia es que la valentía es un músculo que se entrena a través de la consciencia (ser más conscientes de nuestras creencias limitantes, de nuestras contradicciones interiores, de lo que necesito yo frente a lo que necesita el otro, etc.).

La valentía, por tanto, también es:

  • Dejar de decir “sí” a todo y comenzar a decir “no”
  • Reconocer mis límites y aprender a comunicárselos al otro
  • Expresar cómo me siento y lo que necesito
  • Permitirme soñar e ir a por lo que quiero, a pesar de las opiniones de los demás
  • Buscar los recursos, herramientas o la ayuda para sentirme más realizado
  • Aprender a ver oportunidades donde los demás ven problemas

Todos necesitamos ser más valientes (conscientes) para llegar a una vida más alineada con lo que queremos, entendiendo que valentía no es falta de miedo ni tener un pasado exento de decisiones ‘cobardes’ (decisiones ‘inconscientes’). Valentía es la decisión de escuchar mis miedos, mis contradicciones, mis creencias, para actuar consciente y consecuentemente, haciéndome responsable de mi vida.

Ante los cambios, confía, ¿qué es lo mejor que podría pasar?

“¿Qué es lo peor que podría pasar?” es una pregunta muy típica del miedo. Y está bien hacérsela, siempre y cuando valoremos el riesgo real de lo que tenemos entre manos y no nos dejemos llevar por la irracionalidad del miedo. Y si valoramos el peor escenario, ¿por qué no VALORAR el mejor y con el mismo nivel de inventiva con el que valoramos el peor?

“¿Qué es lo mejor que podría pasar?” es una pregunta que nos permite soñar, pensar en positivo y, por tanto, abrirnos al sinfín de oportunidades que una situación nos puede brindar. Es como si nos ayudara a soltar la venda que el miedo ha puesto sobre nuestros ojos y pudiéramos mirar más allá de nuestras creencias limitantes.

La desconfianza, es decir, pensar que ocurrirá lo peor o que el otro actuará de la peor manera, nos aleja del resultado que queremos conseguir. Mientras la confianza nos ayuda a estirar las alas (porque nos hace sentir seguros) de forma que podemos desplazarnos con más facilidad hacia nuestro objetivo.

Pero, ¿qué significa confiar?

Confiar es saber que pase lo que pase, estaré bien o encontraré la manera de estar bien y solo se puede llegar a ese nivel de confianza siendo valientes (conscientes). Quien confía, se hace responsable de su destino. Quien desconfía acaba cayendo en culpa, queja o juicio porque tiene miedo al “Otro” (lo desconocido). Las personas desconfiadas, en el fondo, desconfían de sí mismas porque no se creen capaces de superar o avanzar ante ciertas situaciones. No creen tener las herramientas.

Por eso decía hace unas semanas en Instagram que “en momentos de cambio es más importante confiar que hacer”: porque mantenernos ocupados en la vorágine de la acción no nos deja el espacio necesario para entender todo eso que está ocurriendo fuera y dentro de nosotros. Necesitamos mirar hacia dentro para tener la valentía de enfrentar la incertidumbre que el cambio trae y confiar en que, pase lo que pase, encontraremos la manera de estar bien.

“Conocerse” – como dice un emprendedor y escritor español que me encanta, “es doloroso”.Borja Vilaseca

Y sí lo es, conocerse es doloroso, pero nos da la FORTALEZA INTERIOR para enfrentar nuestros miedos y cuidar nuestro bienestar emocional en cualquier situación.

Os mando, desde aquí, un gran abrazo. Espero que la reflexión de hoy encienda una pequeña llama de valentía en vosotros.

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