No es que sea difícil. Es que no estás dispuesto a trabajar para hacerlo fácil.

Cuando dices que algo es difícil, estás manifestando una intención, la intención de no intentarlo, una resistencia. Probablemente es una excusa para desistir y seguir en la zona de confort con lo conocido. Como dice Mark Manson en su libro “The subtle art of not giving a f*ck” (en español, “El sutil arte de que (casi todo) te importe una mi*rda”):

elegir tu camino no es elegir lo que quieres, es elegir el sacrificio que estás dispuesto a hacer para conseguirlo.

Porque en toda elección renuncias a algo, sobre todo, cuando vas a por tus sueños (llámase sueños, proyectos o aspiraciones). Y cuanto  mayor sea el salto entre tu presente actual y el futuro al que aspiras, mayor será la renuncia que tengas que hacer, sea renunciar a una persona, un trabajo, una ciudad, un hábito… O todos ellos a la misma vez. Te pongo el siguiente ejemplo.

Tú sueñas con ser músico, con tener a miles, millones de personas  cantando tus canciones, mientras los miras desde lo alto de un escenario en uno de los festivales internacionales más trendy del momento. Suena idílico, ¿verdad? Pero:
¿estás dispuesto a tener una vida personal desordenada, a apenas estar en tu casa, a ensayar y cantar la misma canción miles de veces, y aún así, tener que imprimirle la misma emoción que la primera vez? ¿Estás dispuesto a ganar poco dinero los primeros años, a dudar de ti mismo cada vez que una discográfica te dice que no, a levantarte muchas mañanas sintiendo que has fracasado y aún así coger fuerzas para seguir creyendo en ti mismo y abordar un nuevo día?

Así son los comienzos de muchos músicos, pero lo olvidamos, como tendemos a olvidar los sacrificios que cada persona tiene que hacer para tener la vida que tiene. Idealizar otros estilos de vida es tentador, pero sumamente engañoso.

Cuando envidiamos a alguien, nos engañamos,

pensamos que la vida es injusta porque ellos tienen lo que queremos y nosotros, no, como si no pudiéramos tener esa vida por más que la deseásemos.

Pero la realidad, muchas más veces de las que creemos, es que, en el fondo, no estamos dispuestos a sacrificarnos para alcanzar esa vida. Hemos renunciado a ella, antes incluso de intentarlo. Y lo hemos hecho de forma inconsciente. ¿Por qué?

  • Porque el sacrificio es demasiado alto o;
  • Porque estamos demasiado cómodos donde estamos.

Alguna vez he escuchado  a amigos decir “claro, es que ellos tienen la vida resuelta, así cualquiera”, quitando mérito a los logros de otra persona. Ellos creen que están expresando una injusticia social. Yo creo que están expresando una frustración personal y que, para sentirse mejor, buscan desacreditar al otro.  Toda vida, por más idílica que parezca, supone un sacrificio aunque nos cueste verlo.

'Lo difícil se hace fácil trabajando.' Clic para tuitear
Cuando se elige un sueño, se elige un estilo de vida

y, a todo estilo de vida, va asociado un sacrificio, una renuncia.  Como dice el psiquiatra, Claudio Naranjo, la renuncia es un aspecto de la virtud, pues la virtud se alcanza a través del desapego, de liberarnos de aquello que no nos permite VIVIR:

“Para entregarse al río de la vida hay que desapegarse de uno mismo, de sus ilusiones, de sus cálculos. La generosidad es darse, y en eso hay un fondo de renuncia, uno confía en la vida. Estar en paz requiere ese desapego.”

CLAUDIO NARANJO, 2013 (Entrevista a La Vanguardia)

Se podría decir que difícil es todo lo que encuentra una resistencia. Si te resistes a algo, lo encontrarás difícil. Y, por lo general, nos resistimos al cambio, aunque paradójicamente seamos seres extremadamente adaptables.

Pero el cambio está en todo aunque tener el jamón York siempre en la misma sección del supermercado nos dé cierto falso aire de continuidad; o vivir en la misma ciudad desde nuestra infancia; o tener el mismo trabajo desde hace siete años…

El cambio está en nuestra primera cana. En nuestros padres cuando mueren. En nuestro viaje a las Maldivas cancelado por el COVID-19. En la tienda de la esquina de toda la vida cuando cierra para convertirse en un gastrobar. En la empresa cuando nos despiden por recorte de personal. En una relación cuando se rompe. El cambio es la única constante en la vida como decía alguien una vez, por lo que cuando taches algo de “difícil”,

pregúntate “¿a qué me estoy resistiendo?”

Y si cuentas a alguien un sueño o un proyecto y esa persona te lo tira abajo con un “Qué difícil”, piensa que es su resistencia hablando, resistencia que se basa en sus pasadas experiencias, en las creencias que heredó de sus progenitores, en sus propios condicionamientos culturales, en la influencia de su entorno, etc.. No hagas de su resistencia, la tuya. Y recuerda que lo difícil se hace fácil trabajando. Así de simple.

¿Te imaginas a nuestros padres desanimándonos a caminar porque es “difícil”? En la vida todo tiene cierto grado de dificultad o, como yo prefiero verlo, todo exige cierta inversión de tiempo. La vida se construye a través de tiempo.

'Soñar con algo es encerrarlo en nuestra imaginación, donde tenemos total control sobre ello. Por eso, puede ser adictivo.' Clic para tuitear

La maestría en cualquier arte o virtud se consigue invirtiendo horas de nuestro tiempo. Nuestro crecimiento personal también es tiempo. Si le dices a algo que “no”, no digas que es “porque no tienes tiempo”.  Es porque tu prioridad es otra. Todos basamos nuestras decisiones en una pirámide de prioridades que modelamos de forma más o menos consciente. Pero recuerda esto:

“El éxito se crea a partir de decisiones conscientes”.

Así dice Robin Sharma en “El líder que no tenía cargo” (título original del libro: “The leader who had no title”) y estoy de acuerdo con él.

Como comentaba en la publicación “El miedo al error y cómo desarrollar una mentalidad de crecimiento”, el éxito es un término de múltiples  significados que depende de cada persona, pero quizá una definición común a todos podría ser: alcanzar la vida que queremos. El éxito es alcanzar la vida que queremos, eso sí, partiendo de la plena aceptación del momento actual, no desde el desprecio de lo que somos o tenemos hoy ya que esa insatisfacción nos perseguirá por más logros que acumulemos en el futuro.

Lo que  Robin Sharma viene a decir con esta frase es que, mientras no seamos conscientes de nuestros miedos y pensamientos autosaboteadores,  toda decisión que tomemos se verá arrastrada por su inercia, manteniéndonos en su rueda de hámster. Por eso es tan importante ser conscientes de los muchos mecanismos que usa  la mente para mantenernos atrapados en lo que conoce lo que me lleva al último punto…

Cuidado con los sueños: pueden ser adictivos.

Mientras no se convierten en proyectos reales, palpables, los sueños se ven ideales, hermosos como un niño rollizo con la vida por delante. Las oportunidades, en ese estado embrionario, son infinitas. Por eso, tantas veces, nos da miedo materializarlos porque soñar con algo es encerrarlo en nuestra imaginación, donde tenemos total control sobre ello.

Y sabemos, de forma más o menos consciente, que una vez que lancemos ese sueño fuera de nosotros, el control será compartido y habremos perdido esa falsa sensación de seguridad.

¿Y si no categorizamos las cosas de “Fácil” o “Difícil”?

En vez de eso, categorízalas como “Quiero” o “No quiero” y analiza para cada una de esas cosas que quieres, qué tienes que trabajar para conseguirlo y qué dedicación de tiempo te llevaría. Y, de ahí, valora si estás o no dispuesto a darle ese tiempo. Visto así, no es tan difícil, ¿no? ☺️

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2 comments
  1. Otro post para reflexionar, me quedo dándole vueltas a la idea de que “elegir tu camino no es elegir lo que quieres, es elegir el sacrificio que estás dispuesto a hacer para conseguirlo”.
    Creo que deberíamos pensar mas en esos sacrificios, no para quitarnos la idea de la cabeza, todo lo contrario, para convencernos de que merece la pena.

    Como siempre, una estupenda publicación.

    ¡Un abrazo!

    1. Gracias por compartir, Javi. Sí, yo también me quedé anclada a esa idea cuando la escuché por primera vez. Me di cuenta de que muchas veces nos quedamos atrapados en un ideal, sueño o ilusión, como anhelándola, y no nos damos cuenta de que, en el fondo de nosotr@s, no estamos dispuest@s a hacerla realidad por el sacrificio que supone. Y en vez de soltarla, nos agarramos a ella sin dejar espacio para que entre en nuestra vida algo que sí queramos materializar y que nos haga sentir realizad@s. Dejar ir, la renuncia que decía Claudio Naranjo, al final es eso, ver las cosas como son y vivirlas de forma sincera, sincerándonos con nosotr@s mism@s sobre lo que queremos.

      Un abrazo Javi!

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