Cuando empecé a entender la seriedad del Coronavirus (COVID-19), algo en mí se activó, frenando de golpe toda mi actividad mental como un coche que desacelera, abandona la inercia en la que iba a 120 kilómetros por hora por la autopista y baja a primera hasta parar completamente, poner el freno de manos y encender las luces de emergencia.

Está habiendo un 🛑STOP a nivel mundial. Un 🛑STOP económico y de consumo. Un 🛑STOP de las rutinas establecidas, de los hábitos. Un 🛑STOP de nuestras distracciones de ocio y contactos sociales. Un 🛑STOP a las preocupaciones mundanas para ocuparnos de las que se presentan mayores.

Nunca he vivido una guerra y, aún así, me he puesto, en modo automático, a racionar el agua que consumo o a contabilizar en semanas la pasta de dientes que me queda. Es como si hubiera caído en picado de la 🔺pirámide de Maslow hasta su base con el ánimo instintivo de restablecer mi sensación de seguridad en un momento en el que la incertidumbre la pone en entredicha.

Y aunque no he entrado en pánico, entiendo que personas que hayan vivido situaciones de extrema escasez o que se vean desbordadas emocionalmente por la pandemia puedan reaccionar vaciando las estanterías de papel higiénico de los supermercados, generando, a su vez, una alarma social por tal escasez que ha multiplicado su consumo. Supongo que así es cómo funcionan las reacciones en cadena. Y así es como muchas personas que sí necesitaban llevarse papel a casa se han quedado sin él durante varios días, al menos aquí en Madrid.

Y esta es la parte que más asusta de crisis mundiales como esta: las decisiones que se basan en el miedo… porque el miedo arrastra al miedo  y la única cosa que puede parar su curva, como si de un virus se tratara, es la CONSCIENCIA. Solo se puede ordenar el caos y tomar acciones coherentes y constructivas desde la consciencia.

En este 🛑STOP mundial estamos tod@s,

algo que encuentro fascinante, que a mí personalmente me hace sentir unida y querer cuidar a personas que ni conozco. ¿Cómo? Quedándome en casa. Saliendo a comprar lo mínimo posible para evitar posibles contagios por si fuera portadora asintomática del virus. Lavándome las manos antes de salir de casa, cuando vuelvo, y todas las veces entremedias que puedo…

Quizá sea esa la parte bonita de este surrealismo que estamos viviendo, el darnos cuenta de que no somos los seres individualizados que creemos ser ni los efectos de nuestras acciones están solo restringidos a nuestro círculo más cercano; entender que la realidad no es tan sólida y certera como nuestros rituales diarios nos parecen decir y que somos responsables de nuestra vida, pero también responsables de tantas muchas otras porque como decía Rumi:

“No eres una gota en el océano. Eres el océano en una gota”

RUMI

Por eso, a pesar de todos los miedos y situaciones difíciles que esta crisis está levantando, creo que es una gran oportunidad para mirar hacia dentro, para reflexionar sobre qué es lo verdaderamente importante y comenzar a buscar aquello que nos nutre, que alimenta nuestro equilibrio emocional. Y hacerlo no solo por nosotr@s, sino por las personas con las que compartimos este espacio que nos viene prestado y que tantas veces damos por hecho llamado “Planeta Tierra🌱”… Porque nos llegan tantísimas cosas regaladas cada día a las que no prestamos atención por nuestra “falta de tiempo”. Quizá en este 🛑STOP comencemos a prestarles atención. Yo me animo a mí,  a ti y a tod@s a ello 🌻.

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